
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer [...] Éste es Mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como Yo os he amado” (Jn. 15:5, 12). Los pámpanos de la vid son la iglesia. Cuando el Señor dijo que debíamos amarnos los unos a los otros, Él daba a entender de manera implícita que llevar fruto no es una tarea que pueda ser realizada individualmente. Si cada uno de nosotros va por su propio camino buscando dar fruto, no habría necesidad de que nos amásemos los unos a los otros. Llevar fruto por medio de amarnos los unos a los otros implica que llevamos fruto juntos. El fruto es producido de manera colectiva.
Los pámpanos de la vid forman una entidad corporativa: la iglesia. Si nuestra única preocupación es ganar almas y no tenemos en cuenta la vida de iglesia, estamos siendo individualistas. Así, ¡matamos el Cuerpo al “llevar fruto”!
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